Cordillera desconocida

En el confín más remoto e inaccesible de las  provincias  de León y Palencia se levanta una espectacular y casi desconocida cadena montañosa. Sus picos y crestas, modelados por el hielo en la dura y apretada caliza, sobrepasan los 2.500 metros de altitud y conforman un singular relieve a base de fantásticas agujas, altivos cantiles y valles profundos. Son las montañas de Riaño y Fuentes Carrionas

            Este nombre ha tenido tanta fuerza y raigambre que parece definir un sistema montañoso único. Sin embargo, esta zona se enmarca en el contexto más amplio de la Cordillera Cantábrica y tiene como ilustre vecino a Picos de Europa. Esta vecindad es la causa, sin duda, de su relativo desconocimiento por parte de la comunidad montañera.

            Sobre esa realidad pedregosa e inclinada se asienta otra realidad, la de los bosques, las praderías, los ríos, los pueblos y los embalses. Abundan los lagos de origen  glaciar y tres importantes ríos de la Meseta Norte, deudores del castellano Duero, tienen sus fuentes en estas montañas: El Esla, el Carrión y el Pisuerga. El primero de ellos nace en el corazón más escarpado de la montaña, de las fuentes de Valdeburón y Tierra de la Reina y entregan sus aguas en el pantano de Riaño. El Carrión nace mas al este y su laguna se conoce con el nombre de Fuentes Carrionas, topónimo del que toma nombre toda la zona  y el parque natural que la protege. Por su parte el Pisuerga brota  en Fuente Cobre, al menos en apariencia, porque su origen se sitúa bastante más arriba, en Sel de la Fuente, donde confluyen las aguas del circo glaciar de Covarrex; y allí mismo se entierra, nada mas nacer. Su recorrido continúa por las entrañas de la montaña durante más de dos kilómetros, emergiendo en la Fuente del Cobre. Su paseo por el subsuelo ha esculpido un entramado de cuevas de una belleza espectacular, como bien saben los espeólogos.

 

Una montaña, tres geografías

    

         En contraste con la piedra desnuda de las cumbres, al abrigo de los valles nacen bosques profundos que crean su propio universo. Los hayedos y robledales que se desparraman desde el norte, contienen toda la magia y misterio de los bosques húmedos, ésos que el folclore supone poblados de duendes, brujas, fieras y dragones. Además de hayedos y robledales, también hay lugar para bosques mixtos y sabinares, completándose así una diversidad difícil de contemplar en otros lugares.

            Resulta fácil comprobar que la Cordillera Cantábrica no constituye un territorio uniforme, sino que pueden distinguirse tres unidades geográficas bien diferenciadas. Al sur, “el país de las suaves colinas”. Un paisaje ondulado en el que alternan prados, piornales, bosques y tierras de labor, que invita a pasear por  sus pequeños pueblos, donde abunda el arte románico.

            Al noroeste donde la cordillera se achica para fundirse en la depresión del Ebro, se hallan las estribaciones del Páramo de la Lora y del propio valle del Ebro que se caracterizan por los parajes abiertos del alfoz de Aguilar de Campóo, surcados por el río Pisuerga, que rompe el páramo calizo en cañones como el de la Horadada.

            Al norte se erige la alta montaña, constituida por los grandes macizos de Riaño, Mampodre, Fuentes Carrionas y Fuente Cobre; el más interesante desde el punto de vista montañero. Es un espacio ocupado por lagos glaciares, pastos alpinos y picachos cuyas siluetas abruptas magnifican el aislamiento. Buenos ejemplos son el Espigüete, pirámide solitario y visible desde muchos kilómetros a la redonda; o el Curavacas, poderoso bastión cuya forma dignifica la cordillera; o el que es, posiblemente, el mejor lugar para contemplar en todo su conjunto los tres macizos de Picos de Europa: Peña Prieta; Pero hay más: Tres Provincias, Pico Murcia, Peña Labra, Valdecebollas... y así hasta una veintena de montañas que sobrepasan los 2000 metros y que no defraudan a los montañeros que se aventuran por estos solitarios pagos.

            Con la llegada del invierno esta montaña atrae por igual a alpinistas esforzados, engolosinados por los corredores que se forman en las caras norte y las cascadas de hielo, y a los esquiadores de travesía. Pero esto no significa la expulsión de los montañeros menos especializados. También ellos tienen la oportunidad de ascender a las cumbres más bellas en un ambiente de alta montaña inigualable, utilizando vías de ascensión asequibles que no tienen problemas técnicos grandes y que deparan jornadas deportivas muy satisfactorias, siempre que se aborden con prudencia y con el equipo adecuado, naturalmente.

Los tres gigantes amables

De entre ese rosario de montañas, hay tres que destacan con derecho sobre el resto. Son Curavacas, Espigüete y Peña Prieta.

            El Curavacas es la más legendaria de las montañas del lugar y a ello ha contribuido sin duda su fenomenal estampa teñida de un peculiar color verdinegro que produce una impresión de hostilidad.

            No obstante, el pico más esbelto y conocido de la cordillera es el Espigüete: La belleza de esta cumbre, desde cualquier lado que se mire, es indiscutible. Su altitud, la facilidad de aproximación y la posibilidad de acceder a su cumbre por distintas vertientes y vías, con distintos grados de dificultad pero todas ellas elegantes y muy montañeras, hacen del Espigüete el símbolo indiscutible de esta cordillera.

            Y por último Peña Prieta; su cumbre, una punta ligeramente aislada ya más cantabra que castellana, es de fácil acceso, incluso en invierno. Y la recompensa de llegar a ella es obtener la que probablemente sea la panorámica más completa y emocionante de Picos de Europa. Los montañeros que aborden su ascensión harán bien en llevar un mapa de Picos para ayudarse en la agradable tarea de identificar las montañas y picos que desde allí se divisan.